EL TEMPERAMENTO.
Cuatro niños, cada uno con un temperamento, se encuentran con
una gran piedra en medio del camino por el que se hayan transitado. El
primer niño que tiene un temperamento colérico, delante de la piedra se enfada
y busca un gran tronco y la rompe a golpes, después sigue su camino. El
segundo niño que tiene un temperamento sanguíneo mira la piedra con entusiasmo
y busca la manera de escalarla y la salta. El tercer niño que tiene un
temperamento melancólico, al ver la piedra tan grande se asusta y se entristece
por no poder seguir andado y decide regresar a casa. Y por último, el cuarto
niño que tiene un temperamento flemático, decide sentarse y pensar durante
mucho rato y sin prisa, cuál es la mejor manera de cruzarla y acaba
descubriendo que puede pasarla por uno de los lados
Con este breve relato podemos ver como delante del mismo obstáculo cada uno de los
temperamentos reacciona de diferente manera. Y esto es lo
mismo que podemos observar cuando estamos delante de un grupo de niños y niñas,
que su tendencia natural de sentir y comportarse es diferente ante el mismo
acontecimiento. Por ello, no podemos tratarlos como si no lo fuera. Sobre
todo, cuando queremos educar sus emociones, fundamentalmente porque cada niño o niña según su temperamento
presentará desafíos emocionales diferentes, por tanto, las
estrategias de gestión emocional que le sirven a uno no serán útiles para el
otro.
Por
ejemplo, mientras que con el niño o la niña de temperamento colérico nos
tendremos que centrar principalmente en ayudarle a identificar y gestionar su
rabia, para el flemático esto no nos servirá de nada porque son niños que a
duras penas se enfadan.
Es
decir, cada temperamento significará
un abordaje diferente en relación con la educación emocional.
Por ello, no podremos pretender una educación estandarizada para todos los
niños y niñas, ni en términos intelectuales, ni en términos emocionales.
No solo cada persona es un mundo, sino que también cada niño o niña lo
es. Educarles desde pequeños a que aprendan a identificar y gestionar sus emociones se hace de forma
directa y también a través del modelaje por parte del adulto de referencia,
que deberá saber que cada niño en función de su temperamento necesitara de unas
estrategias o de otras. Por tanto, si queremos iniciar un proceso de
educación holístico de nuestros pequeños, el primer paso es observar su cuerpo y su comportamiento natural para
definir cuál es su temperamento predominante. Y es importante hacer este
ejercicio con un profundo amor y lejos de cualquier tipo de juicio, una vez
intuyamos qué temperamento tienen con más fuerza.
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